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Parecería una pregunta sencilla de responder a simple vista.  Sin embargo, nos permitimos invitarte a que nos sumerjamos un poco más para descubrir el tesoro que hay detrás de esta pregunta.

Muchas personas pueden pensar que un síntoma es aquello que nos duele físicamente.  Están ciertamente en lo correcto.  Pero hay mucho más que podemos encontrar detrás de esta pregunta.

Dentro de la visión de la Bioexistencia Consciente que hemos aprendido en el Instituto Humano Puente, y con cuyos conceptos coincidimos plenamente, se le llama síntoma a toda aquella situación que nos impida vivir plenamente. Cuando tomamos consciencia de lo amplia y abarcativa que puede ser esta idea, y ampliamos un poco más la mirada, nos damos cuenta lo importante que esto puede ser para sanar todas las áreas de nuestras vidas y comenzar a salir de lo que en podría acercarse al arquetipo de “victima”.

Darnos cuenta que la realidad es algo que creamos constantemente a nuestro alrededor (consciente o inconscientemente) es uno de los primeros pasos para poder crear una vida hermosa, armoniosa, disfrutable, que vivamos con alegría. Otra de las grandes tomas de consciencia que se pueden comprender luego de ver varios síntomas sanados, es que un síntoma es aquello que me viene a informar cuando estoy en incoherencia.

Para entender y poder hablar de esto es necesario primero comprender de qué se trata la coherencia.   Todos tenemos un propósito, un alma, un ser propio. Ese ser es absolutamente puro, genuino, coherente consigo mismo cuando se encuentra alineado con su ser superior, cuando se puede conectar con su esencia. Un ser alineado y en coherencia siente que todo aquello que hace, dice o piensa está alineado con lo que siente o desea, con su deseo más profundo del alma.

En nuestras vidas es inevitable que muchas veces nos encontremos ante situaciones que nos intenten desviar de la coherencia emocional. Puede ser que repentinamente (o reiteradamente) en nuestra vida nos encontremos con situaciones donde el entorno que me van a condicionar a reaccionar, a decir, o hacer  de una determinada manera que probablemente nada tenga que ver con mi esencia, con lo que mi yo superior siente. Muchas veces podemos reaccionar condicionados por el miedo al juicio del entorno, condicionados por algún miedo (real, imaginario o inconsciente, en todos los casos el resultado es igual), por la sensación de pérdida (nuevamente real o imaginaria) de alguno de nuestros seres queridos, por una sensación de rechazo inconsciente hacia algo, o cualquier emoción que nos desvíe de lo que nos impulsa nuestro ser.   En cualquiera de estos casos nuestra existencia se encuentra frente a una situación en al que una emoción hace que no nos permitamos ser coherentes con nosotros mismos.

En este momento es importante también que tengamos en cuenta que si analizamos el comportamiento biológico de la naturaleza (que la ha llevado a siglos de existencia y supervivencia), no existen sentimientos de culpa. El miedo en la naturaleza se vive desde una emoción que siempre la ha protegido biológicamente para la supervivencia. Su presencia o duración tiene que ver con la presencia y duración del estímulo.  Si observamos detenidamente en las diferentes especies (aun en los diferentes reinos), un árbol no le pide perdón o disculpas al árbol que quedó debajo de él por haberle quitado el sol.  Tampoco vemos a un lobo pidiendo perdón o disculpas a una oveja por habérsela almorzado.

La culpa, en definitiva, es un sentimiento que ha nacido luego de siglos de cultura relacionada con religiones y autoridades que encontraron en esta forma de construcción social ciertas ventajas.   Son innegables las ventajas de la civilización y de las normas de convivencia, pero hay mucho que podríamos aprender sobre el manejo de las culpas y otros sentimientos tanto de la naturaleza como de los pueblos originarios y chamánicos de todo el mundo.

Para sanar cualquier síntoma, estaremos entonces siempre trabajando en recuperar la coherencia emocional.  Encontrarnos con nuestro propio ser, con nuestro propio anhelo, respetarlo, amarlo, y por sobre todas las cosas amarnos a nosotros mismos como creadores de nuestra realidad, como parte integrada y fractal de todo lo visible, es fundamental.

Te invitamos a caminar con nosotros por este puente de descubrimiento hacia tu propio ser.

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